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Darvin Moon, ¿nace una leyenda?

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Previo a la disputa de la mesa final de la World Series of Poker 2009, descubrir en verdad quién era Darvin Moon estaba en la mente de muchos miembros de los medios de póker. Ahora, más de dos semanas después de celebrada la mesa final de la WSOP, el interrogante sigue planteado. Moon, el hombre que nunca había viajado en avión, y ni hablar de jugar póker en Las Vegas, posee ahora US$5,2 millones por lo que poco podría importarle aquello.

Cuando Moon regresó a su hogar en Oakland, Maryland, luego de alcanzar la mesa final en julio pasado, se llevó un cheque de US$1,26 millones, monto que les fue garantizado a todos los jugadores que habrían de retornar a Las Vegas en noviembre, conocidos como los ‘November Nine’. Al regresar a su hogar, Moon volvió de inmediato al trabajo, uno peligroso por cierto, ya que es leñador por cuenta propia. Habiendo estado personalmente en Oakland, puedo asegurarles que US$1,26 millones los convertiría en reyes en dicha ciudad. Probablemente, uno podría comprarse una muy linda casa, un auto nuevo, varios ‘chiches’ y aún así sobrarle un buen resto. ¿Qué hizo Moon con su dinero? Compró un nuevo techo metálico para la casa rodante que comparte con su mujer y lo hizo a regañadientes.

De ninguna manera estoy sugiriendo que debería o no hacer Moon con su nueva fortuna. De hecho, su actitud es bastante reconfortante en muchos aspectos. Si visitan cualquier foro de póker importante, verán que está atestado de gente que hace alarde de sus autos nuevos de US$30.000, US$40.000 o US$50.000, de sus casas recién adquiridas abonadas en efectivo y equipadas con toda clase de accesorios que se puedan imaginar. Pocos meses después, las mismas personas que mostraron al mundo su porvenir tratan de explicar cómo es que están quebrados, que la suerte en el póker les ha cambiado y que no son capaces de vender sus casas ni sus autos en un precio ni remotamente cercano al que abonaron en su momento. Hay unas cuantas razones para pensar que Moon nunca habrá de recurrir a tales acciones. La primera es que para poder dejar mensajes en dichos foros se necesita activar la cuenta asociándola a una dirección de correo electrónico. Moon nunca ha tenido uno. La segunda es que Moon ya ha anunciado que es lo que va a hacer con el dinero en una de sus pocas entrevistas tras el torneo. Sin rodeos informó que la plata irá a parar directamente al banco. De hecho, gracias a su buena cara de póker, es difícil decir si bromeaba o no cuando sostuvo que la única forma de que su mujer hubiese obtenido una nueva cortadora de césped es si él se hubiera quedado con el primer lugar.

Chris Moneymaker hizo un gran trabajo en su rol de “jugador de póker para todo el mundo”. Se abrió al mundo convenientemente, firmó suficiente cantidad de autógrafos y mantuvo su nombre en público para asegurarse seguir en la consideración del ambiente del póker a medida que pasaran los años tras su victoria. De ninguna manera le gustó ni le gusta ahora a Moneymaker la fama que acarrea ser campeón de la WSOP, pero se dio cuenta que tenía la opción de erigirse en la cara del póker de una generación o bien de ser renuente frente a ésta situación. Escogió el mejor camino para el mundo del póker.

En el caso de Moon, acabar en segundo lugar en el torneo más importante de póker puede haber sido lo que él quería. De ninguna manera estoy sugiriendo que ‘echó por la borda’ al Evento Principal, además toda la evidencia indica lo contrario, pero al finalizar en segundo lugar no tendrá que lidiar con la presión de ser el campeón. Luego de algunas semanas, la mayoría de los medios del póker redirigirán su atención hacia las grandes figuras de éste juego y dejarán de pensar en Moon, devolviéndolo a su vida cotidiana, esto es, talar árboles en los bosques occidentales de Maryland.

Un viejo dicho sostiene “nunca nadie se acuerda del segundo”, pero en el caso de la historia del póker, no siempre es así. He escrito acerca de cada uno de los campeones del Evento Principal de la WSOP y por medio de ese proceso de investigación he estudiado cada una de las manos finales de esos torneos, incluyendo al desafortunado perdedor de la misma. Es verdad que algunos de esos subcampeones, tales como Rod Peate (1983), Mike Harthcock (1986) y Hugh Vincent (1994), no consiguieron luego grandes logros, pero muchos otros sí lo hicieron. En 1971 y 1972, Walter ‘Puggy’ Pearson acabó segundo, antes de obtener el Evento Principal de 1973. T.J. Cloutier, de quien puede decirse que es uno de los mejores jugadores de torneos de la historia, también finalizó segundo un par de veces (1985 y 2000), pero a diferencia de Pearson aún no ha podido consagrarse ganando un Evento Principal. En la era del ‘boom del póker’ (2003 a la actualidad) y como ejemplos de grandes jugadores que acabaron segundos en el Evento Principal, tenemos los casos de Sam Farha (2003), David Williams (2004) y Paul Wasicka (2006).

En lo que difieren los jugadores de póker que han finalizado segundos durante ésta era con respecto de Darvin Moon es en el hecho de que todos aquellos fueron rápidos en firmar acuerdos de patrocinio, asegurándose ser promovidos en el mundo del póker. De hecho, Joe Cada firmó un contrato con PokerStars por un millón de dólares por un año, antes incluso del comienzo de la mesa final, donde se situaba con una cantidad promedio en fichas. Considerando que Darvin Moon encabezaba el pelotón con casi el 30% de todas las fichas en juego, uno puede especular con que a Moon se le habrá ofrecido mucho más de un millón de dólares en contratos de patrocinio antes de que siquiera se sentara a la mesa. Cuando se le preguntó por qué rechazó todas las ofertas, Moon dijo: “Nunca he tenido un jefe y no voy a empezar (a tener uno) ahora”.

La leyenda de Darvin Moon es intrigante, cuanto menos. Como escritor de biografías y conocedor de toda clase de acontecimientos de la historia del póker, me he preguntado muchas veces que rumbo tomará Darvin Moon a partir de aquí. Mi pronóstico es que continuará jugando el Evento Principal todos los años, incluyendo quizás un puñado de grandes eventos por temporada, pero la mayoría de los torneos que jugará serán en su “casino” local de Elks Lodge. Tampoco me sorprendería si prácticamente no se supiera nada más de Moon en el futuro, adquiriera una casa en los bosques, decidiera pasar el resto de sus días cazando y talando árboles e incluso, quizás, nunca más volviera a conceder una entrevista. Moon tiene el potencial de causar más revuelo por su naturaleza recluida que por si fuera a participar en todos los principales torneos del mundo.

JD Salinger escribió su obra maestra “El Guardián entre el Centeno” (Catcher in the Rye) y desde entonces vive en algún lugar perdido de Nueva Inglaterra al tiempo que el mundo se pregunta qué más hubiera conseguido en caso de haber continuado escribiendo (al menos, públicamente). Creo que Moon transitará un camino similar y así, al menos como yo lo veo, es cómo nacen las leyendas.