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Libros poker: “Zen and the Art of Poker” de Larry Phillips

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En los pasados meses he realizado reseñas para PokerWorks de muchos de los nuevos libros de poker que hay en el mercado. Con éste artículo doy comienzo a una nueva serie, volviendo el tiempo atrás buscando a algunos de los mejores libros de poker de los últimos 25 años, empezando por “Zen and the Art of Poker” de Larry Phillips.

Sin importar cuanto le dediquemos al estudio de los fundamentos de la estrategia de poker, dominar el juego “interior” es, en definitiva, incluso más importante. No importa que gran experto seas en matemáticas si no puedes aprender a controlarte a ti mismo en la mesa. Maximizar ganancias y minimizar las pérdidas a través de un profundo conocimiento de quién eres y de cómo hacer mejor uso de tus fortalezas, y tal vez lo más importante, ir eliminando gradualmente la mayoría de tus debilidades. Permitirte tener éxito en éste juego interior es el propósito de “Zen and the Art of Poker”, el cuál creo que es tan importante como libro como cualquiera de los clásicos sobre teoría de poker.

Para aquellos que miran mucho poker por televisión, el primer concepto en el libro puede parecer un tanto chocante, ya que la principal idea fundamental que presenta es la de “descartarse”. Phillips dice que el poker: “… al menos en la mayor parte del tiempo (es) un juego de descarte, no el juego de embiste o ataque que puede parecerle a un observador casual… y, aunque es cierto que ésta retirada siempre contiene una semilla de agresión, un núcleo explosivo siempre a la espera de atacar, la gran mayoría de las veces es de una naturaleza más estacionaria. Hasta que el jugador no tenga paz emocional con éste estado, no podrá dominar al poker”.

Phillips continúa explicando cómo utilizar tú propia pasividad como un arma contra tus oponentes permitiéndote desarrollar una habilidad que te faculte a descartarte cómodamente y que contraste con tu habilidad de atacar súbitamente cuando es el momento oportuno. Al leer éstas palabras, me retrotraje a la cuarta edición de “High Stakes Poker” y al juego de Doyle Brunson. Doyle se descartaba una y otra vez mientras otros jugadores participan de muchos botes. Incluso cuando participaba de una mano pre-flop, se descartaba sin ningún esfuerzo ya sea que no acertara en el flop o que se encontrara en una situación en la cuál él creyera que ésta fuera marginal y que bien podría estar perdiendo. Y sin embargo, al final del día, ¿quién era el ganador? Es correcto, era Doyle. Esperó al momento oportuno y ante un jugador quién había estado participando en muchas manos marginales, y atacó, llevándose el bote más grande hasta el momento en la historia del programa. Saber cómo descartarse, una y otra vez, de ser necesario, puede que sea la mayor virtud que posee un jugador de poker exitoso, y el tratamiento de Phillips en el asunto es invaluable.

El libro está dividido en cinco secciones generales: Fundamentos, Calma y Ritmo, Tuercas y Tornillos, Guerrero Zen y Emociones y Oponentes, los cuáles están separados en 100 reglas de poker en total. En éstas áreas, Phillips instruye al lector sobre cómo desarrollar un estado neutral, uno en el cuál el jugador crea un estado elevado de observación sin involucrarse emocionalmente en los inevitables vaivenes de una partida de poker o de una serie de partidas a lo largo del tiempo.

Nos recuerda que sólo por el hecho de que nos hayamos descartado manos con soltura durante dos horas seguidas, esto no implica que a partir de allí debamos empezar a recibir buenas cartas. De hecho, las malas cartas podrían continuar durante días, semanas o meses. Siendo que cada repartija es un suceso independiente, es nuestra responsabilidad “borrar la pizarra” cada vez que se mezclan las cartas y esperar la nueva mano en paz. No obstante, también insta al lector a realizar una búsqueda de patrones dentro de las matemáticas, ajustando su juego en concordancia. Por ejemplo, cuando te esté yendo bien, afloja las riendas de tu juego ya que, probablemente, sea “tú momento”.

Todos hemos pasado por ésta experiencia en la mesa, cuando, aparentemente sin importar con que cartas decidamos jugar, acertamos una y otra vez. También hemos visto a oponentes hacer lo mismo, y también hemos tenido ocasiones en las cuáles todas nuestras manos perdían, no importa lo que hiciéramos. Éstos son ritmos que debemos buscar, para que nos permitan “encontrar nuestro lugar” en el juego, yendo hacia delante o retirándonos en respuesta a lo que el universo nos está trayendo en ese momento. Ésta es una lección muy difícil de aprender. La mayoría de los jugadores quiere “construir su propia suerte”, forzando el asunto cuando simplemente, no es el momento adecuado para hacerlo. Los buenos jugadores profesionales reconocen que una vida de sesiones en las mesas es, meramente, “una larga partida”. Mirándolo de ésta manera quita la presión de intentar forzar una victoria cada vez que juegas, lo cuál conduce en general a peores derrotas.

Es importar notar que éste libro está focalizado casi exclusivamente en el juego de mesas por dinero. Phillips añade un breve apéndice sobre el juego de torneos, pero si tú eres estrictamente un jugador de torneos, prácticamente no sacarás provecho de él. Cada una de las 100 reglas ilumina una pequeña pieza separada del juego “interior” de poker. Si decides leer éste libro, una forma de encararlo es ir leyéndolo hasta que encuentres una regla que te toque una profunda fibra interior y que luego te concentres en aplicar ese principio en tu propio juego. Una vez que la hayas resuelto, pásate a otra regla y repite el proceso y así sucesivamente.

Habiendo leído el libro en numerosas ocasiones, aún vuelvo a él cuando encuentro que mi juego está sufriendo de un exceso de involucramiento emocional. Algunas veces lo leo de punta a punta nuevamente, y ocasionalmente, lo abro en una página al azar, sabiendo que cualquiera sea el principio con el cuál me tope, de alguna manera, hablará de aquello en lo que estoy necesitando ayuda. Creo que éste libro es infaltable en cualquier biblioteca de poker, para ser utilizado no sólo para mejorar nuestro propio juego, sino también para iluminar nuestra propia vida.