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EPT Dortmund 2008: Mike McDonald se convierte en el campeón más joven de la historia

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A veces puede ser un alivio que gane el mejor. Había unos pocos probables candidatos cuando comenzó la tarde del último día de juego, pero cuando la habilidad, el talento y el potencial se combinan en un solo jugador y son tan fáciles de identificar, hasta los más escépticos tienen que callar. A veces puede ser difícil poner la mano en el fuego por alguien, pero esta noche todo apuntaba a que el canadiense de 18 años Mike McDonald lo iba a conseguir.

Tras una incipiente carrera en el mundo de póquer, oficialmente de tan sólo seis meses, ya es difícil imaginar que haya podido tener una mala racha. La tuvo, pero sólo duró tres meses y, en las últimas cinco semanas su remontada ha involucrado cinco cobros que, incluyendo esta última victoria, ascienden a un total de más de 1,5 millones de dólares. Y a juzgar por su forma de juego, tranquilo, considerado y tomando menos riesgos que la mayoría, parece difícil que pueda volver a esos días ‘negros'.

McDonald aprendió de esta experiencia, jugando más y más partidas en vivo y consiguió su primer cobro en el EPT Prague el pasado mes de diciembre.

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Por ese entonces, parecía uno de los muchos otros jugadores jóvenes que habían debutado en el EPT, quizá un poco más arreglado, un poco más pulcro, pero ambicioso, agresivo y con muy poca consideración por el valor de las fichas con las que estaba jugando. Acabó en el 14º puesto en la capital checa y se embolsó €20.000 antes de viajar a Australia, al increíble Aussie Millions, donde un primer y un segundo puesto encendieron su motor. Nada lo podía parar y el EPT Dortmund estaba a punto de verlo con sus propios ojos.

Así empezó el día...
Asiento 1 -- Mike McDonald - Canadá - 862.000
Asiento 2 -- Diego Pérez - España - 744.000
Asiento 3 -- Thibaut Durand - Francia - 148.000
Asiento 4 -- Johannes Strassmann - Alemania - 827.000
Asiento 5 -- Christian Harder - Estados Unidos - 339.000
Asiento 6 -- Andreas Gulunay - Alemania - 560.000
Asiento 7 -- Torsten Haase - Alemania - 369.000
Asiento 8 -- Claudio Rinaldi - Suiza - 276.000

Al principio todo parecía muy claro. La historia sería sencilla, Johannes Strassmann y Mike McDonald irían eliminando gradualmente al resto de jugadores (de hecho McDonald expulsó a cinco de ellos), se estrecharían la mano y se enfrentarían en un cara a cara con el mismo número de fichas y todo por decidir. Parecían más seguros y más preparados que los demás, tanto para los espectadores como para ellos mismos. McDonald diría después que Strassmann le visitó la noche anterior a las 3 y, con una rivalidad amistosa, le dijo que estaba decidido a ganar el EPT de su ciudad.

Y nadie lo puso en duda durante las primeras horas de la final. El alemán de 22 años, que probablemente se convertirá en un regular del tour en un futuro, tenía mucha vivacidad en la mesa: hablaba, bromeaba y usaba este recurso de forma realmente interesante, tanto que nos recordó la final del año pasado en la que Andreas Hoivold habló a los otros finalistas hasta someterlos y no obtener respuesta.

El americano clasificado a través de PokerStars, Christian Harder, conocido online como ‘Charder', sería el primero. Era uno de los jugadores con menos fichas de la mesa y puso su suerte en juego cuando le repartieron A-K. Lo que no podía predecir es que Mike McDonald tenía ases. Sucedió lo inevitable y pronto quedaron siete jugadores. Harder se embolsó €85.500.

Una hora más tarde un nuevo jugador abandonó el torneo. Esta vez le tocó el turno al francés Thibaut Durand que presionó de cara con A-4 después del descanso y Johannes Strassmann le igualó. Hasta ese momento, la anhelada historia de la final de McDonald y Strassmann parecía que se estaba cumpliendo. Strassmann tenía una pareja de ochos en la mano y fue suficiente para expulsar a Durand, que se llevó €120.200.

Pero las cosas pronto irían mal para Strassmann. Mantener su agresividad le costó caro: vio como sus oponentes frustraban sus subidas contraatacando con otras subidas y all-ins y, a pesar de ser el más entretenido, era también el más volátil. Tenía más de un millón de fichas cuando, de pronto, entró en una mala racha que lo llevaría fuera del torneo antes de que nadie lo hubiera imaginado.

En ese período, raramente vimos un flop. Los jugadores bien tiraban sus manos o bien subían all-in y cuando esto sucedía, normalmente era Strassmann quien sufría las consecuencias. Los primeros dos jugadores habían caído en los primeros 90 minutos. Tres jugadores, McDonald, Strassmann y el otro alemán, Torsten Haasem, tenían un número de fichas similar y el resto, con la excepción de Claudio Rinaldi, no tenían tan pocas como para verse obligados a hacer honor a la frase "all-in o nada".

La fulminación de Strassmann comenzó con una subida contraatacada con otra subida de McDonald. Johannes tuvo que tirar su mano con una mueca. Aunque Torsten Haase se hubiera abierto camino y ascendido a la primera posición, la atención aún estaba puesta en los dos favoritos. En otra mano, Diego Pérez subió, Strassmann resubió y Pérez fue all-in. Quizá estaba por delante, pero Strassmann no podía arriesgarse: otro bote perdido.

Entonces, dos horas después de la expulsión de Durand tuvo lugar la mano que echaría Strassmann del torneo. Una subida, una resubida de McDonald y un all-in del alemán, quizá con la intención de acabar con este sinsentido. Pero McDonald igualó, ¿y por qué no lo iba a hacer? Tenía una pareja reyes en su mano y a Strassmann totalmente dominado. El alemán se limitó a tirar sus cartas. Se había acabado. Como Michael Norinder en Praga, de un millón a la nada en un instante. Strassmann estaba eliminado y se llevaría €152.000.
Strassmann había tardado dos horas en salir. Ahora los otros jugadores podían relajarse un poco. Una de las mayores amenazas estaba fuera: no más subidas, no más conversaciones molestas y la oportunidad para todos de emerger en cualquier momento.

Claudio Rinaldi, con pocas fichas, fue el siguiente. Se las jugó contra Andreas Gulunay con A-9; pareja de sietes para Gulunay que le dio el golpe de gracia y se mantuvo firme. Rinaldi eliminado en quinta posición por €193.000.

Como estaba previsto, no había pasado mucho tiempo y ya teníamos a otro jugador contando dinero al otro lado de la barrera.

Diego Pérez había mantenido el liderazgo de fichas durante buena parte de la semana y lo manejó suficientemente bien el día tres como para estirarlo hasta la final, donde llegó tercero en fichas. Que no avanzara mucho más fue principalmente cosa de Mike McDonald. Por ese entonces, el canadiense había maniobrado para superar unas cuantas horas incómodas y ahora estaba en racha. Subió, Pérez contraatacó empujando todas sus fichas al centro y, tras unos momentos de análisis que fueron criticados en EPT Live, en la sala de prensa y en la cabeza de McDonald, igualó. Era buena. El jugador de 18 años tenía sólo una pareja de Dos pero estaba por delante de Pérez que tenía J-10. Pérez se llevó €193.000 y ya sólo quedaban 3 jugadores.

Esta situación no duraría mucho. Torsten Haase ocuparía la tercera posición poco después. El alemán se había convertido en el caballo negro de esta final, escabulléndose de los favoritos para pasar unas placenteras horas con el liderazgo de las fichas, el único jugador con una pila de siete ceros. Pero fue otra vez McDonald, ocupado ordenando sus fichas, el que igualó el all-in de Torsten en un flop formado por Q-5-3.

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La ventaja de McDonald en el cara a cara...
Mike McDonald - 2.900.000
Andreas Gulunay - 1.200.000

¿Había mucha diferencia entre las perspectivas de los dos jugadores? Un jugador sólido como Andreas Gulunay había conseguido algo que no esperaba tan sólo unos días antes. Había sobrevivido a una volátil mesa final, mantenido al margen de problemas y asegurado como mínimo €528.500, y su juego pronto empezó a reflejar esto.

Una apuesta de McDonald vio como Andreas empujaba todas sus fichas al centro. McDonald, que no es del tipo de personas que toma riesgos innecesarios, con el liderzazo de las fichas y sin ninguna prisa, tiró sus cartas. Los aficionados alemanes empezaron a corear "¡Andy!" y Gulunay levantó una copa y dedicó unas palabras a los que estaban siguiéndole desde la barrera. Pero todo parecía indicar que había algo preparado para poner fin a su carrera.

Esta situación me recordó a la película "En Busca del Arca Perdida". Hay una escena en la que Indiana Jones, en medio de un intento de encontrar a la chica, se encuentra con un mercenario, equipado con armadura que separa a la multitud y se prepara para destruir al héroe. Saca una espada de forma espectacular con la intención de asustar a Jones, impresionando a la multitud que espera el acto final de victoria. Indiana Jones simplemente saca su pistola, dispara al hombre, acaba la pelea y sigue con su persecución.

Mike McDonald ha representado esta noche la escena del póquer equivalente.

¡Bang!

Ya bien entrada la mano, con un flop de K-7-J. Andreas había pasado permitiendo a Mike apostar 120.000 fichas. Andreas, quizá subestimando al canadiense o quizá preparado para acabar con esto de una vez por todas, reviró: 300.000 más, que McDonald igualó. Se había formado un gran bote y el rey del turn lo haría aún mayor.

300.000 de Andreas que estaba alcanzando la máxima velocidad, de nuevo McDonald igualó. El river trajo un 2 y el bote aumentó aún más, alcanzando 1,4 millones. Algunas manos salen bien por accidente pero McDonald jugó ésta a la perfección: Andreas fue all-in y lo único que separaba a McDonald del título eran las palabras "I call". Andreas miró alrededor. Cuando McDonald igualó simplemente dijo "tú ganas" y tiró sus cartas.

Lee Jones, que estaba viéndolo desde la sala de prensa exclamó: "ha jugado a la perfección: ha permitido que él mismo se metiese en el apuro."

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Aunque la multitud prefería claramente a los jugadores alemanes, no se oyeron nada más que aplausos para McDonald, que aún no tiene la edad legal para poder tomarse una copa y celebrar la victoria en su ciudad de Waterloo, Canadá.

Gulunay aceptó la derrota educadamente y fue un favorito muy digno para los aficionados locales, pero el mejor jugador lo derrotó, hecho que reconoció en un momento conmovedor mientras los fotógrafos acosaban al vencedor: se acercó a él, le estrechó la mano y le dijo que había merecido la victoria.

Algunos dijeron que Mike parecía intimidado por el resultado, y que parecía que no sabía cómo reaccionar a la avalancha mediática que acompaña a una final del EPT valorada en €933.600. Pero de todas formas, sospecho este era su plan original, que si jugaba bien, no iba en contra de su instinto y se mantenía concentrado, podía ganar y ganar bien. Después de todo no era su primer éxito, pero sí su primera experiencia con la prensa después de éste.

A pesar de todo, a los 18 años hubo algo especial en esta victoria, el hecho de que quizá hemos visto algo más que un nuevo campeón de torneos; un torneo al que se referirán muchos una y otra vez en el futuro como el inicio de una carrera que tendremos que seguir de cerca. Con tan sólo tres semestres completados en la Universidad de Waterloo puede optar a volver a la vida universitaria, pero su futuro a corto plazo esta lleno de EPTs y de póquer, empezando por Copenhague.