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Soy El Mejor

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Una de las verdades universales acerca de los juegos que incluyen tanto habilidad como azar es que muchos jugadores sobreestiman sus habilidades y subestiman las de sus oponentes. Esto ocurre porque la gente que ingresa a la arena de juego tiene un ego gigantesco. Y seguramente usted se ha enfrentado con alguno de estos personajes que actúan como si Einstein, Bobby Fisher y Stu Ungar fuesen idiotas ficticios comparados con su brillantez, especialmente cuando se trata de jugar.

Dejando de lado a éstos "eruditos", a muchos de nosotros nos resulta difícil evaluar nuestra real habilidad en juegos como el póquer por varias razones. Primero, cuando se juega un juego que involucra tanto habilidad como azar, es muy fácil culpar a la suerte cuando se pierde y dar crédito a la habilidad cuando se gana. Y aún si somos capaces de detectar nuestros propios errores, muchos sólo tenemos memoria selectiva acerca de las buenas cartas que obtuvimos o de lo muy afortunado que fuimos.

Aún más importante, sin embargo, es el hecho de que la mayor parte del tiempo no somos capaces de darnos cuenta de nuestros errores. De hecho, eso es cierto por definición, porque si realmente supiéramos que estamos por cometer un error, no lo haríamos.

Ocasionalmente, la secuencia de cartas o apuestas que siguen a un error nos enseñan que estamos dejando pasar algo, así que aún cometiendo el error, aprendemos algo con el tiempo. Pero lo más común, sin embargo, es que uno cometa el error y no se de cuenta del mismo, ni en dicho momento ni nunca.

Nuestro ego de jugador se agranda cuando vemos que nuestros oponentes cometen errores. Y no hace falta mucho para que nos creamos más habilidosos que el otro. Sabemos que no cometeríamos el error, y cuando vemos que él sí lo hace, ¡presto!, de inmediato nos convencemos de que somos mejores. Pero el gran defecto de esta teoría es que hay un factor que se deja desprevenido, y que son los propios errores.

El póquer es un juego muy complicado: digamos, tan sólo como argumento, que hay 100 conceptos básicos que uno debe entender para jugar al póquer como experto. Luego asumamos que dos razonablemente capaces, pero no expertos, jugadores de iguales habilidades se enfrentan; cada uno tiene tantas posibilidades de ganar como el otro.

Aún dada esta situación hipotética, faltará un número mayor de coincidencias para definir que estos jugadores son igualmente habilidosos. De hecho es probable que no dominen los mismos conceptos. Aunque cada jugador pueda comprender 70 de los 100 conceptos, es muy poco probable que ambos hayan considerado los mismos 70.

Digamos que el jugador A entiende los conceptos 1-70, y el jugador B entiende los conceptos 21-90. Esto significa que el jugador A observa al jugador B cometer errores, pero sólo cuando se trata de los conceptos 1-20, y el jugador B observa al jugador A cometer errores en los conceptos 71-90. Ninguno de los dos notará ningún error cuando se trate de los conceptos 91-100, y ambos sentirán admiración por el otro cuando se haga una buena jugada que incluya a los conceptos 21-70. En conclusión, cada uno de estos jugadores saldrá del juego creyendo que tiene más habilidad que su oponente. Para ponerlo en otras palabras, todos tenemos debilidades en cuanto a conceptos que aún no hemos dominado, pero no sucede lo mismo cuando se trata de conceptos que nosotros conocemos, pero que nuestros oponentes no. Entonces, ¿cómo puede sobreestimar nuestras habilidades o subestimar la de los oponentes, afectar nuestros resultados? Después de todo, uno siempre jugará lo mejor que pueda.

En realidad, este simple aspecto de la naturaleza humana tiene un gran impacto en nuestros resultados. Aquí hay una listado de cosas que pueden pasarle por creerse mejor de lo que es:

1. Unirse o quedarse mucho tiempo en un juego en el cual los demás jugadores son mejores que usted. Uno se conoce a si mismo y piensa que puede superarlos, que hay dinero para ganar. Pero en realidad no hay mucho dinero que usted pueda ganar si su habilidad es la peor de la mesa. Uno podrá (y probablemente lo haga) culpar a la mala suerte por sus pobres resultados durante un tiempo, quizás un tiempo largo - pero uno también tiene que poder re-examinar algunas de las presunciones de cuán buenos eran tanto los oponentes como uno.

2. Cambie su estrategia de juego a una sub-óptima. Supón, por ejemplo, que te crees mucho mejor jugador que una serie de oponentes que conoces, y que aún jugando peor podrás vencerlos.

Uno no tiene que tener una visión de uno mismo muy inflada para meterse en problemas. Uno puede tener resultados similares si tienes una visión realista de tus habilidades pero no respetas la de tus oponentes. Un ejemplo de una decisión tomada debido a un estilo de juego pobre, por la sobreestimación de las habilidades propias, sucede en los torneos. Solamente piensen en las veces en que tanto ustedes como otros decidieron tirar una mano, aún cuando tenían buenas posibilidades del pozo o la situación.

¿Por qué aquellos con un gigantesco ego-jugador-de-Póker ceden sus manos? Porque no quieren apostar por todo o la mayor parte de sus fichas, aún cuando ‘saben' que un oponente cometerá algún error luego; prefieren esperar a la situación indicada cuando las posibilidades estén aún mejor a su favor, y hasta cuando podrán jugar mejor que sus oponentes. El problema con este tipo de pensamiento es que uno termina tirando tantas manos que ya no se está jugando mejor. En cambio, están dando fichas a la "menos talentosa" oposición, convencidos de que podrán vencerlos luego.

Naturalmente, si uno está jugando contra alguien, un nombre famoso o no, que parece no jugar sino con un gran margen, uno debería hacer todo lo que pueda para obtener ventaja de ello. Esos jugadores son más susceptibles a Bluffs de grandes apuestas, y seguramente harán menos Calls a apuestas All-in, aunque cuando uno finalmente lo haga, es porque sin dudas tiene algo bastante fuerte.

Así que la próxima vez que creas que tener una gran ego-jugador-de-Póker es una forma sin problemas de divertirse y sentirse bien con uno mismo, es mejor que des un paso para atrás y reconozcas todas las situaciones en las que un entendimiento más preciso puede mostrarnos.